Cyankali: una película que se negó a callar
Berlín recupera «Cyankali» (1930), una película sobre la pobreza, el aborto y la censura. Su restauración se presenta con violonchelo en directo en los pasajes cuya música original se ha perdido.
Algunas películas desaparecen porque nadie quiere volver a verlas. Otras van desapareciendo poco a poco porque, en su momento, mostraron demasiado. Cuando Cyankali llegó a los cines alemanes en 1930, contaba la historia de una joven, de la pobreza y de una ley que la dejaba sola ante su desesperación. La película desató intensas controversias, pasó varias veces por la censura y llegó a estar prohibida temporalmente. Casi un siglo después regresa a Berlín: restaurada, pero incompleta. Un violonchelista la ayuda a recuperar la voz allí donde se ha perdido parte de su sonido original.
Este miércoles por la noche, la Deutsche Kinemathek inaugura su festival Film Restored con el estreno mundial de la versión restaurada digitalmente de Cyankali. El lema de este año es «Risky Business»: películas que asumieron riesgos y peligros que amenazan su conservación. Pocas obras reúnen con tanta fuerza ambas dimensiones.
Hete quiere tener un hijo
Hete es joven, trabaja como empleada de oficina y está enamorada de Paul, un obrero de fábrica. Cuando se queda embarazada, al principio quiere tener al bebé. No tienen mucho dinero, pero esperan construir una vida juntos. Entonces Paul participa en la lucha por mejorar los salarios y pierde su empleo. Lo que antes era difícil parece ahora casi imposible.
La historia transcurre durante la crisis económica de los últimos años de la República de Weimar. El desempleo, las viviendas pequeñas y la inseguridad marcan la vida cotidiana. Para Hete, la posibilidad de tener un hijo se convierte también en una cuestión económica. Pero el artículo 218 del Código Penal de entonces castigaba, por regla general, el aborto. Los médicos la rechazan. Finalmente busca ayuda en una mujer que practica abortos clandestinos, una de las llamadas «fabricantes de ángeles», y recibe el veneno que da título a la película: cianuro.
La película no plantea un debate jurídico abstracto. Muestra cómo la necesidad económica, las expectativas sociales y el derecho penal se entrelazan en la vida de una persona. Ahí reside su fuerza: Hete no aparece como un caso de estudio, sino como una joven que empieza llena de esperanza y ve cómo sus posibilidades se reducen cada vez más.
Del teatro a la pantalla
La historia procede de Friedrich Wolf, médico y escritor que causó un gran revuelo con su obra teatral Cyankali en 1929. Su estreno en el teatro Lessing de Berlín suscitó reacciones apasionadas. Wolf había llevado al escenario un asunto muy discutido públicamente, mientras que las mujeres directamente afectadas apenas encontraban quien las escuchara.
Solo un año después, Hans Tintner adaptó la obra para la productora berlinesa Atlantis-Film. Grete Mosheim interpretó a la joven Hete. Cyankali se estrenó el 23 de mayo de 1930 en el cine Babylon de Berlín.
A diferencia de una simple filmación de la obra teatral, el cine podía mostrar directamente el entorno social de los personajes. El trabajo en las fábricas, el paro y las estrecheces de la vida en la gran ciudad acompañaban la tragedia familiar. Así, el destino de una joven se convertía también en el retrato de una sociedad en la que las desigualdades económicas condicionaban las opciones de cada persona.
Una película frente a la censura
Las reacciones no tardaron en llegar. Las autoridades censoras examinaron y recortaron Cyankali en repetidas ocasiones, y durante ciertos períodos prohibieron su exhibición. Incluso después de varias semanas en cartelera, volvieron a cuestionar la autorización para proyectarla.
La controversia no se limitaba a la representación de un aborto. La crítica de la película a la ley, su retrato de la pobreza obrera y su evidente empatía hacia Hete se consideraban socialmente peligrosos. En las decisiones de censura aparecían acusaciones de que el filme podía fomentar el odio de clases o amenazar el orden público.
Hoy, esas intervenciones cuentan una segunda historia. Cyankali quería hacer visible lo que muchos preferían no ver. Los cortes y prohibiciones revelan hasta qué punto se disputaban los límites de lo que podía mostrarse en público. ¿Qué podía enseñar una película? ¿La vida de quién merecía ser tomada en serio? ¿Y cuándo una narración artística se convertía, a ojos de las autoridades, en una amenaza política?
El enfrentamiento no se limitó a las salas de cine. Durante la República de Weimar, el artículo 218 fue objeto de intensos debates, manifestaciones y peticiones de reforma. La obra de Wolf y la película de Tintner formaron parte de las voces culturales de aquella disputa.
Cuando las imágenes aprendieron a hablar
También desde el punto de vista técnico, Cyankali nació en un momento de transición. El cine estaba pasando del mudo al sonoro. La película de Tintner conserva intertítulos y largos pasajes silenciosos, pero ya incorpora música, efectos sonoros y diálogos hablados. Sobre todo hacia el final, la voz humana adquiere una fuerza dramática propia.
Esta combinación convierte la película en un testimonio extraordinario de su época. Para el público de 1930, escuchar sonido en el cine seguía siendo una experiencia relativamente novedosa. Los personajes ya no se expresaban solo con gestos y rótulos: sus voces podían oírse.
Y precisamente de esta película, en la que hablar y ser escuchado tienen tanta importancia, se ha perdido una parte del sonido.
Faltan cuatro rollos de sonido
Para la nueva restauración, la Deutsche Kinemathek pudo utilizar el negativo original de imagen de 35 milímetros y el negativo óptico original de sonido, también de 35 milímetros. Ambos están hechos de película de nitrato histórica, cuya conservación y manipulación requieren especial cuidado.
Sin embargo, el material está incompleto. El negativo de imagen presenta lagunas debidas, entre otras causas, a antiguos cortes de censura y posteriores intervenciones durante su historia archivística. De los diez rollos originales de sonido solo se conservan seis. Pese a una intensa búsqueda, no se han podido encontrar los otros cuatro.
Una restauración puede estabilizar imágenes deterioradas y hacer accesibles las grabaciones sonoras conservadas. Pero no puede pretender saber exactamente cómo sonaban los pasajes desaparecidos.
Por eso la proyección del miércoles por la noche contará con un acompañamiento musical especial. El violonchelista Paul Rittel interpretará en directo música para los pasajes perdidos. No se trata de hacer pasar inadvertidamente su interpretación por el original histórico, sino de dejar oír que falta algo y de tender, desde el presente, un puente hacia la película conservada.
En la sala se encontrarán así dos épocas: las imágenes y las voces de 1930, y un violonchelo que suena en 2026.
Una vieja pregunta en otro presente
Quien vea hoy Cyankali se encontrará con una sociedad cuyas condiciones de vida y leyes han cambiado en muchos aspectos. En Alemania, actualmente es posible interrumpir un embarazo sin sanción penal si se cumplen determinadas condiciones. Por eso no cabe equiparar sin más aquella situación con la actual.
Pero las preguntas fundamentales siguen ahí. ¿Hasta qué punto es libre una decisión personal cuando faltan dinero, vivienda y seguridad social? ¿Qué papel desempeñan las leyes, la atención médica y las expectativas sociales? ¿Y cómo cambia el debate público cuando las personas directamente afectadas pueden hacer oír su propia voz?
Una película de 1930 no puede ofrecernos respuestas cerradas para 2026. Pero sí mostrarnos en qué circunstancias se hicieron esas preguntas las generaciones anteriores y qué resistencias encontraron.
Una película que se negó a callar
El 21 de octubre, Cyankali vuelve a proyectarse en Berlín. La versión restaurada dura 91 minutos. No es un original recuperado hasta el último detalle, sino un testimonio cuidadosamente tratado de lo que el paso del tiempo, la censura y los archivos han dejado de él.
Quizá ahí resida el significado especial de esta velada. La historia de Hete se contó en 1930 para llamar la atención sobre un problema social. Después hubo que luchar por cada fragmento de película, por su autorización para exhibirse y, finalmente, por su conservación.
Ahora las imágenes regresan a la pantalla. Donde se perdió la música original, suena un violonchelo. Y, 96 años después, una película marcada por las prohibiciones y el silenciamiento tiene una nueva oportunidad de hacerse escuchar.