Una vuelta al mundo: Niza invita a la farándula de la paz
Grupos de danza tradicional de varios continentes se dan la mano en Niza. El 16 de agosto, su farándula llegará al jardín de la Villa Masséna: un gesto de paz junto a los nombres y retratos de las 86 víctimas del atentado de 2016.
Una farándula no comienza con un círculo cerrado. Las personas se colocan unas junto a otras, se dan la mano y siguen una cadena abierta. Quien llega puede incorporarse; quien ocupa uno de los extremos conduce el movimiento.
El domingo 16 de agosto, esta antigua danza provenzal adquiere un significado especial en Niza. A las 17:00, los grupos del festival folclórico internacional La Farandole se reúnen en el Jardin de la Légion d’Honneur, junto a la Villa Masséna, para una ceremonia por la paz. Bailarines y músicos de distintas partes del mundo no actuarán allí únicamente unos para otros. Se situarán en un lugar donde Niza recuerda a sus muertos.
Un jardín con 86 nombres
La noche del 14 de julio de 2016, un terrorista condujo un camión por la concurrida Promenade des Anglais. Murieron 86 personas y cientos resultaron heridas. Hoy, el jardín de la Villa Masséna alberga un espacio protegido de memoria. Ante una fuente baja se encuentran los retratos de las víctimas. Sobre ellos, un corazón reúne sus 86 nombres; en la piedra se lee: «En mémoire de nos anges».
Las imágenes no representan una cifra anónima. Muestran personas de distintas edades, familiares, amigos y visitantes de la ciudad. Las flores, las velas y los recuerdos personales cambian, pero permanecen los nombres y los retratos. Hablar de paz junto a ellos exige, por tanto, algo más que un discurso amable.
La ceremonia no afirma que la danza pueda disolver el duelo. Su gesto es más sencillo: personas de distintos países se colocan juntas, se miran y se mueven en común sin cubrir la memoria.
Una danza que permanece abierta
La farándula es una de las danzas colectivas más conocidas de Provenza. Una persona guía la cadena formando curvas, serpentinas o espirales. A diferencia de una ronda cerrada, su forma permanece abierta. Por eso funciona como imagen del encuentro: nadie necesita ocupar el centro y la fila puede seguir creciendo.
El festival lleva el nombre de esta danza desde su fundación en 1935. Tras una larga interrupción, renació unos veinte años después de su última edición. Actualmente pertenece a la red internacional de festivales folclóricos vinculada al CIOFF, organismo asociado de forma consultiva con la UNESCO.
En 2026 participan, entre otros, conjuntos de Benín, Cuba, Macedonia del Norte, México y Timor Oriental. Llegan con instrumentos, ritmos, vestimentas y tradiciones diferentes. Por la noche habrá una gran gala final en el Théâtre de Verdure. Sin embargo, la ceremonia del jardín es la parte más silenciosa y quizá la más importante del día.
Más que trajes vistosos
Los festivales folclóricos entrañan un riesgo: una cultura puede quedar reducida a ropa colorida, una coreografía y unos minutos de música. Las diferencias parecen entonces entretenidas e inofensivas, mientras desaparecen los conflictos, las desigualdades y la vida real que hay detrás de los bailes.
La Farandole no evita automáticamente ese problema. Una cadena internacional de danza no termina una guerra ni elimina el odio. Una ceremonia por la paz tampoco debe fingir que todas las experiencias son equivalentes o que basta con la buena voluntad.
Pero bailar juntos puede hacer visible algo que las declaraciones políticas olvidan con facilidad: la paz no es solo una situación entre gobiernos. También comienza cuando las personas se dejan espacio, atienden al ritmo de las demás y no pretenden decidir solas el movimiento común.
El siguiente paso
En el jardín de la Villa Masséna se encuentran dos formas de memoria. El monumento conserva los nombres y rostros de las personas asesinadas. La farándula permanece en movimiento. No se contradicen: la memoria protege lo que no debe perderse; la danza pregunta cómo podemos seguir viviendo juntos después.
A nuestros ojos, ese es el mensaje de paz más honrado posible en este lugar: permanecen los 86 nombres. Permanece el dolor. Tampoco desaparecen los conflictos del presente. Y, aun así, personas procedentes de distintas partes del mundo se reúnen a su lado, no para olvidar lo sucedido, sino para dar juntas el siguiente paso.