Manos, rostro, mirada y espacio
Veinte minutos, dos intérpretes y ninguna página que pasar: en la Feria del Libro de Gotemburgo, Amina y Jamila Ouahid muestran cómo la literatura puede surgir de las manos, el rostro, la mirada, el ritmo y el espacio. Un breve encuentro escénico acaba planteando una pregunta mucho mayor: ¿cuántas formas puede adoptar el acto de contar?
En una feria del libro uno espera encontrar libros. Sin embargo, este domingo en Gotemburgo también se lee, se actúa, se dibuja y se habla de las formas que pueden adoptar las historias. A las 11:30, Amina y Jamila Ouahid suben al escenario Dramascenen. Tienen veinte minutos, de 11:30 a 11:50.
Apenas da tiempo para un café. Pero quizá sea suficiente para poner en duda una idea bastante básica de lo que entendemos por literatura.
Un escenario sin coche
Una mujer conduce. Al menos eso es lo que vemos. En el escenario no hay coche, ni volante, ni carretera. Aun así, la postura, las manos, la expresión del rostro y la mirada bastan para que aparezca un trayecto.
Amina y Jamila Ouahid trabajan, entre otras formas artísticas, con Visual Vernacular, o VV. En una obra anterior, Unexpected Moment, una de las hermanas se convierte en la conductora mientras la otra asume el paisaje, los objetos y otros elementos de la escena. La historia, de alrededor de minuto y medio, utiliza cambios de perspectiva, ritmo, repetición y expresión corporal de un modo tan cinematográfico que un estudio académico identifica expresamente recursos como el zoom y el primer plano.
La conductora descubre que llega tarde, acelera y sufre un accidente. Pero para nosotros resulta al menos igual de interesante observar cómo se construye la historia: una hermana puede ser el personaje y la otra convertirse al mismo tiempo en entorno u objeto. Un movimiento modifica la distancia; un cambio de postura transforma la perspectiva.
No hay coche. No hay cámara. Y, sin embargo, vemos un viaje y algo que se parece muchísimo al lenguaje del cine.
¿Quién está contando la historia?
Visual Vernacular puede recordar en algunos momentos a la pantomima. También allí se abren puertas inexistentes, los objetos invisibles adquieren peso y un escenario vacío puede llenarse de habitaciones imaginarias.
En otros momentos, VV puede hacernos pensar en el teatro de improvisación. Las personas reaccionan entre sí, los papeles cambian y una situación puede transformarse por completo en pocos segundos. Pero no es simplemente improvisación sin palabras habladas.
En el teatro de improvisación, buena parte del atractivo suele estar en ver cómo la historia avanza a partir de impulsos espontáneos. Visual Vernacular, en cambio, puede estar cuidadosamente compuesto y ensayado; la cuestión artística se concentra entonces más en cómo se hace visible una acción, un punto de vista o un ritmo.
El cuerpo puede representar a una persona y, un instante después, convertirse en otra cosa. Una mirada puede fijar dónde ocurre algo en el espacio. Un cambio de velocidad puede producir aceleración, una repetición puede dar peso a una acción y una pausa breve puede sentirse con tanta claridad como un punto al final de una frase.
Lo que el cine hace con cámara, montaje y cortes puede nacer aquí del cuerpo y del espacio.
Dos personas y el espacio entre ellas
Con Amina y Jamila aparece otra posibilidad: cuentan juntas. Por eso el espacio que queda entre ambas también se convierte en material narrativo.
Pueden mirarse o mirar más allá de la otra. Una inicia un movimiento y la otra lo recoge, responde o se opone. La proximidad y la distancia modifican una relación sin necesidad de construir un decorado.
De pronto, una historia no está hecha solo de manos. También cuentan el rostro, la postura, la dirección de la mirada, la velocidad del movimiento y la interacción entre las dos intérpretes. Incluso el espacio vacío entre ellas puede adquirir significado.
De eso trata precisamente el programa del 27 de septiembre de 2026 en la Feria del Libro de Gotemburgo. «Teckenspråkskonst – Litteratur i rörelse» presenta el arte en lengua de signos como una práctica literaria y artística. Mediante ejemplos escénicos y conversación, Amina y Jamila Ouahid muestran cómo las historias, la poesía y la memoria cultural pueden sostenerse en una forma visual, corporal y espacial.
¿En qué página está el poema?
Con un poema impreso, la respuesta parece sencilla al principio. Podemos leer un verso, volver atrás y leerlo otra vez. Podemos subrayar una palabra, cerrar el libro y abrirlo mañana en el mismo lugar.
Pero ¿en qué página está un poema cuyo ritmo nace del movimiento?
En ninguna.
La lengua de signos sueca es una lengua por derecho propio, pero no cuenta con una forma escrita de uso general que funcione como la escritura habitual de un libro. Por eso el arte en lengua de signos no consiste simplemente en tomar un texto sueco y traducirlo signo por signo con las manos.
Las manos pueden portar significado lingüístico, pero también forman parte de la expresión el rostro y la postura corporal. La mirada puede establecer relaciones espaciales, la repetición puede crear ritmo y los movimientos pueden acelerarse, ralentizarse o detenerse. Visual Vernacular incorpora además recursos visuales y cinematográficos especialmente intensos.
Una actuación puede grabarse. Puede describirse, analizarse o traducirse. Pero una parte de la obra permanece ligada al movimiento, al tiempo y al espacio.
Quizá esa sea la verdadera pregunta de este domingo en la feria: no dónde termina la literatura, sino cuántas formas puede adoptar el acto de contar.
Una feria del libro más allá del libro
La Feria del Libro de Gotemburgo está, por supuesto, llena de libros. La gente lee, conversa, hojea, firma ejemplares y busca historias que llevarse a casa. Al mismo tiempo, Dramascenen abre un espacio para algo que no puede guardarse sin más entre dos tapas.
Amina y Jamila disponen de veinte minutos. No hace falta comprender cada signo para advertir algo esencial: una mirada adquiere dirección, un movimiento adquiere ritmo, dos cuerpos crean relaciones y un escenario vacío empieza a significar algo.
Después, los veinte minutos terminan. En los demás escenarios continúan las conversaciones y las lecturas, la gente sigue recorriendo los pabellones y Amina y Jamila abandonan el escenario.
El espacio vuelve a quedar vacío. La historia está contada.