Cuando el Sol se convierte en lienzo celeste: eclipse y música en Cataluña
El 12 de agosto el Sol se oscurecerá sobre parte de España. En Cataluña, una velada del Festival Jordi Savall une este raro fenómeno celeste con el sonido íntimo de una tiorba.
El miércoles 12 de agosto de 2026, la sombra de la Luna atravesará el norte de España. En Cataluña, el Sol estará ya muy bajo sobre el horizonte occidental en el momento culminante. Quien disponga de una vista despejada y utilice gafas homologadas podrá observar cómo el disco luminoso se reduce a una fina hoz y, durante unos instantes, desaparece por completo. Las indicaciones oficiales de Protección Civil de Cataluña explican cómo contemplar el fenómeno con seguridad.
En Menorca, el horizonte occidental se abre sobre el mar. En la plataforma rocosa de Cala Blanca, muchas personas se reúnen cada tarde de verano para ver la puesta de sol. El 12 de agosto, la escena familiar cambiará: la luz se volverá extraña y tenue antes de que el Sol toque el horizonte. Tal vez un velero vuelva a cruzar su estela brillante. Allí no hace falta música; bastan el mar, el viento y el silencio asombrado de quienes miran.
Más al noroeste, el eclipse sí tendrá un sonido propio. El Festival Jordi Savall celebra conciertos del 10 al 16 de agosto en Santes Creus, Montblanc, Valls y Alcover. La tarde del eclipse, el músico catalán Josep Maria Martí Duran interpretará su programa «Ad Álgea» en un lugar mantenido inicialmente en secreto. El público se reunirá a las 18.30 en el aparcamiento de Santes Creus y será trasladado desde allí al espacio de observación y concierto. La entrada incluye gafas homologadas y una copa de cava.
Martí Duran toca la tiorba, un gran instrumento de cuerda pulsada con mástil largo y profundas cuerdas graves. En «Ad Álgea» lleva a un solo instrumento célebres arias de Georg Friedrich Händel y Henry Purcell. El repertorio puede incluir «O Sleep, Why Dost Thou Leave Me?», «Ombra mai fu» y «Lascia ch’io pianga» de Händel; «When I am laid in earth» e «If Love’s a Sweet Passion» de Purcell, además de música de Robert de Visée. Falta la voz, pero su línea melódica sigue oyéndose en las cuerdas.
Esta sobriedad encaja con el espectáculo del cielo. La tiorba no puede competir con el eclipse, ni pretende hacerlo. Sus sonidos graves y prolongados dan ritmo a la espera. Mientras la Luna cubre el Sol, el horizonte se convierte por un momento en un escenario natural.
El ejemplo enlazado presenta a Martí Duran con «Ad Álgea». Permite escuchar antes del 12 de agosto cómo un aria sin cantante se transforma en una pieza íntima para tiorba. En Menorca solo responde el rumor del mar; cerca de Santes Creus, responden las cuerdas.