En boca cerrada no entran moscas
¿Qué dice una persona cuando no dice nada? En el festival Sconfinare de Bellinzona, el actor Fabrizio Gifuni y el estudioso del lenguaje Stefano Bartezzaghi convierten precisamente el silencio en tema de conversación.
Imagina que alguien te dice: «Te creo». Ahora imagina la misma frase otra vez. Esta vez hay una pausa después del «te». Una mirada hacia un lado. Quizá una respiración.
«Te … creo».
Son las mismas dos palabras. Sin embargo, de pronto puede haber algo distinto en el ambiente. Quizá duda. Inseguridad. Decepción. O simplemente la búsqueda del pensamiento adecuado. Y entonces la otra persona no dice absolutamente nada. ¿Qué significa eso?
Cuando no decir nada dice mucho
«En boca cerrada no entran moscas», dice un refrán español. La imagen es bastante clara: a veces parece mejor no abrir la boca. En otros países la idea se viste incluso de metales preciosos: se compara la palabra con la plata y el silencio con el oro.
Pero el silencio no es tan sencillo. Podemos callar porque no encontramos las palabras. Por decepción o por rabia. Por impotencia, miedo o vergüenza. A veces alguien calla por consideración. Otras veces, por fascinación. Y hay personas con las que se puede estar en silencio sin que resulte incómodo ni un solo segundo.
Además, callar no significa carecer de expresión. Una mirada, la posición de los hombros, unas manos que de pronto no saben dónde ponerse o la distancia que alguien mantiene pueden contar lo que la boca no dice. Pero ese lenguaje no es inequívoco. Quien calla no trae subtítulos. Tenemos que interpretar – y podemos equivocarnos.
Una pausa no es nada… y a la vez lo es
Los músicos lo saben muy bien. Un silencio no es simplemente un hueco entre dos notas. Forma parte del ritmo de una pieza. Una pausa breve puede cambiar un compás; una larga puede crear tensión. El silencio antes de una entrada puede incluso hacer que esperemos con especial atención la siguiente nota. ¿Por qué iba a ser distinto en el teatro?
Precisamente de eso hablan hoy en el festival Sconfinare de Bellinzona dos personas que se acercan al lenguaje desde lugares muy distintos: el actor Fabrizio Gifuni y el lingüista y semiólogo Stefano Bartezzaghi. El festival pregunta qué ocurre con una frase escrita cuando pasa por el cuerpo, la voz y el rostro de un actor, y cuándo el silencio se convierte en parte del relato. La conversación comienza a las 18:30. Después se proyectará la película Il capitale umano.
Dos palabras sobre el silencio
Bartezzaghi trabaja con el lenguaje, los signos, los juegos de palabras y los significados que damos a las cosas. Sin embargo, cuando en una entrevista de 2026 le preguntaron por el silencio, dio una respuesta sorprendentemente breve. Recordó algo que su abuela repetía a sus nietos en napolitano. Él lo resume así: debajo de la lengua hay un tesoro. Conviene abrir la boca para decir algo que tenga sentido y, a veces, conviene permanecer callado.
La entrevistadora le preguntó entonces cuándo le parecía que el silencio era más elocuente. Bartezzaghi respondió:
«Quasi sempre».
Casi siempre. Al parecer, no hacía falta añadir mucho más.
Primero la voz, después la respiración
Gifuni se acerca a la misma cuestión desde otro lado. Para él, en la interpretación, voz y cuerpo no pueden separarse. Cuando le preguntaron cómo conseguía acercarse tanto a un personaje, describió un camino poco habitual: primero escucha su voz. Después busca su respiración. A través de la respiración llega al cuerpo.
Así, una pausa también adquiere una dimensión física. Un actor no deja de actuar solo porque en ese momento no haya ninguna frase en el texto. Sigue respirando. Mira. Permanece quieto o se mueve. Su compañero reacciona. El público observa. La expresión del rostro y la postura pueden convertirse entonces en las palabras que nadie pronuncia.
Y a veces el silencio adquiere así un significado bastante incómodo.
Un silencio que no es oro
Gifuni lo conoce por su propio trabajo teatral. Uno de sus proyectos lleva incluso el silencio en el título: Con il vostro irridente silenzio, «Con vuestro silencio burlón». En él trabaja con las cartas y escritos que el político italiano Aldo Moro redactó durante sus 55 días de cautiverio en 1978. Gifuni describe una relación casi invertida entre palabra y silencio: Moro produjo un torrente de palabras mientras otros las negaban, tergiversaban, ridiculizaban o no querían escucharlas.
Es un silencio completamente distinto al de dos amigos que están sentados juntos sin necesidad de hablar. Y distinto también al de un público que contempla una escena completamente absorto. El silencio puede significar cercanía, pero también distancia. Consideración o rechazo. Reflexión o desconcierto.
Quizá por eso la pregunta más importante no sea de entrada por qué alguien calla, sino esta:
¿Qué crees oír cuando alguien no dice nada?