Entre Rumanía y Ucrania: Horești muestra cómo Moldavia mantiene vivas sus tradiciones
La República de Moldavia es pequeña, pero sorprendentemente diversa en lo cultural y lingüístico. En el festival «Tezaur Național», música, trajes tradicionales, artesanía y gastronomía se encuentran este fin de semana para mostrar cómo se transmite una tradición cuando ya no forma parte de la vida cotidiana.
Quien busque en el mapa de Europa entre Rumanía y Ucrania encontrará un país que resulta fácil pasar por alto. La República de Moldavia tiene alrededor de 2,4 millones de habitantes. Su historia ha atravesado distintos espacios políticos y culturales, y eso todavía puede escucharse hoy.
En el censo de 2024, cerca del 80 por ciento de la población declaró el rumano o el «moldavo» como lengua materna. Junto a ellas, el ruso, el gagauzo, el ucraniano y el búlgaro forman parte de la realidad lingüística del país. Además, muchas más personas comprenden ruso de las que lo declaran como lengua materna. Moldavia no es, por tanto, un territorio culturalmente uniforme entre dos vecinos mayores, sino un pequeño cruce de caminos europeo.
Hoy, una parte de esta historia cultural se hace visible en el pueblo de Horești, a unos 25 kilómetros al sur de Chișinău. Los días 22 y 23 de agosto se celebra allí por sexta vez el festival «Tezaur Național». Desde las 11 de la mañana, la zona de Peatihatca se llena de música, danza, artesanía y cocina tradicional. La entrada es gratuita.
¿Qué permanece cuando ya no lo necesitamos?
Una manta tejida a mano ya no tiene que mantener caliente una casa. La ropa ya no se borda a mano porque no exista otra posibilidad. Y las personas ya no necesitan reunirse durante las noches de invierno para trabajar, contar historias y cantar juntas.
Sin embargo, todo eso puede seguir viviendo.
En «Tezaur Național» se muestran alfombras tejidas a mano, los artesanos enseñan sus técnicas y niños y adultos pueden probarlas en talleres. La Parada Portului Popular devuelve el movimiento a la indumentaria tradicional: no se limita a exponerse, sino que vuelve a llevarse mientras actúan grupos de música y danza de diferentes regiones del país.
Una habitación para las cosas importantes
El festival incluye también los espacios Casa Mare y Ograda Țărănească.
La Casa Mare, la «habitación grande», ocupaba un lugar especial en las casas tradicionales moldavas. Allí se recibía a los invitados y se conservaban textiles, alfombras y otros objetos valiosos. La Ograda Țărănească, el patio campesino, amplía esa mirada hacia la vida fuera de la casa.
En el festival estos espacios no son simplemente decorados. Sirven de marco para objetos y oficios que en otro tiempo formaban parte natural de la vida cotidiana.
Sentarse juntos, trabajar y contar
Especialmente interesante es la gran Șezătoare Națională. Tradicionalmente, una șezătoare era una reunión comunitaria, sobre todo durante las largas noches de otoño e invierno. Se hilaba, cosía o realizaban otros trabajos mientras se contaban historias, se cantaba y se hacía música.
En el festival, esta antigua forma de encuentro se convierte en un lugar donde las técnicas tradicionales vuelven a practicarse juntas. Su función cambia: lo que antes se hacía por necesidad hoy se transmite de manera consciente.
También la cocina forma parte de ello. Hay demostraciones de platos tradicionales y productores locales ofrecen sus productos. Música, ropa, artesanía y comida no aparecen así como piezas aisladas de museo. Vuelven a encontrarse allí donde nació la cultura: entre personas.
Quizá esto sea especialmente importante en un país como Moldavia.
Allí la identidad cultural convive con diferentes experiencias históricas, lenguas y tradiciones regionales. Un festival no puede explicar toda esa diversidad ni representar todas las partes del país. Pero sí puede mostrar cómo funciona la transmisión.
Una alfombra puede conservarse durante siglos en un museo. Una melodía puede grabarse. Una receta puede escribirse.
La cultura vuelve a estar viva cuando alguien dice: enséñame cómo se hace.
Hoy, 23 de agosto, Horești vuelve a mostrar cómo se transmite la cultura: alguien enseña y otra persona responde: enséñame cómo se hace.